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miércoles, 18 de noviembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS (2)

LOS FALSOS APÓSTOLES DE LA LITERATURA O DE POR QUÉ UN MICROCUENTISTA ES UN HOMBRE SABIO Y UN LITERATO MEDIOCRE (Y 3)



Soy el feto malayo.

Llevo bastante sin publicar. Creo que debo una explicación a mi reducido público.


Durante varias semanas, unos terroristas burocráticos me han tenido secuestrado en un instituto de secundaria. Me han obligado a hacer cosas indescriptibles. He asistido a cincuenta claustros seguidos. He puesto quinientas notas de alumnos inexistentes. Me han obligado a masturbarme viendo la foto de la directora. Ha sido la peor experiencia de mi vida, después de que alguien me explicara que los gusanitos están hechos de plástico y quemara unos cuantos delante de mí con un mehchero para que lo comprobase.
Gracias a la intervención de una enfermedad, he logrado escapar de sus garras. Ahora, estoy en condiciones de afirmarlo: He vuelto.


Según decíamos ayer, el tema de nuestro miniensayo versaba sobre los falsos apóstoles de la literatura, o de por qué un microcuentista es un hombre sabio y un literato mediocre. Hoy nos centraremos en concreto en la primera premisa: por qué son hombres sabios. Pues está claro. Porque utilizan su inteligencia al máximo para, con el mínimo esfuerzo, obtener el máximo –de nuevo, ese adjetivo tan pagado de sí mismo– resultado. En definitiva, que mueven el mundo usando de palanca un concepto tan simple como: el buen cuento no tiene por qué ser muy extenso –ni siquiera extenso–, basta con que exprese una idea, aunque fugaz y poco sólida, para convertirse no sólo en literatura, sino en LITERATURA –para los tardos de reflejos, es literatura con mayúsculas, o sea, canónica–.
Hay que joderse, citando a Cela o a mi abuelo que en paz descanse. ¡Hay que joderse! ¡Síííííí, JODERSE! Pues no tengo los dedos pelados de tanto teclear para que me vengan ahora esos mamarrachos a decirme lo que es canónico y lo que no. Hombre, que los microcuentos poseen su belleza, eso nunca lo negaré. Sería una torpeza por mi parte, y más teniendo en cuenta mi marcado carácter iconoclasta. Pero comparar el David de Miguel Ángel –que bonito nombre, por cierto– con un dedo en mitad de un pedestal me parece sacar las cosas de quicio. Voy a decir algo que está muy mal visto –¿desde cuándo me importaron ese tipo de minucias?–, sobre este polémico tema, y de paso fastidiarles un poquito el negocio a esta panda de charlatanes de feria que venden sus microhistorias como si hubieran descubierto la piedra filosofal.
Vamos a ver, chavalines, en el microcuento no hay desarrollo de los personajes.
No hay una trama definida.
No hay descripciones curradas.
No hay un tono mantenido.
Con el microcuento no se puede forjar un esstilo.
No se pueden probar técnicas diferentes.
No se puede, ni siquiera, detallar un acto sexual con un mínimo de pasión. Ahora que he dicho esto, comienzo a comprenderlo todo. Pero más allá de sarcasmos, lo único que quiero decir es que, por mucho que se ensalcen los méritos del microcuento, nunca –NUNCA– podrá tener la calidad de una buena novela o de un buen cuento. No es posible. It's not possible. C'est ne pas posible. Wan chin gao. Auuuuh sikooo manutebol. (Nota del traductor: estas dos últimas oraciones se corresponden, respectivamente, con el cantonés sureño y con el aullido de un lobo aficionado al baloncesto de los ochenta). Pues eso. Que no, hombre, que no. Y si me apuran, diría también –esto podría motivar otra de mis intervenciones justicieras– que un cuento es difícilmente bueno si no sobrepasa las veinte páginas, salvo excepciones honrosas, por supuesto, como La pata de mono (Jackobs), El corazón delator (Poe), Las interioridades (Palma) y Ceremonia (Salmón). Digo estos cuatro porque se me han venido a la cabeza, no porque sean los únicos, por supuesto.
Y para terminar, tras haber justificado convenientemente mi postura al respecto –una postura antisocial, antidiplomática y antigénica–, es decir, tras haber dicho por qué los microcuentistas son hombres sabios y literatos mediocres, voy a probar un haiku-greguería-microrrelato que espero haga las delicias de mis millones de lectores por el mundo entero:


El verde nardo
se acicala
en la pradera desierta de nubes.

EL FETO MALAYO

lunes, 19 de octubre de 2009

HISTORIA DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

2.- LOS FALSOS APÓSTOLES DE LA NUEVA LITERATURA O DE POR QUÉ UN MICROCUENTISTA ES, EN REALIDAD, UN HOMBRE SABIO Y UN LITERATO MEDIOCRE. (2)



Continuando con el tema que nos ocupa, algo parecido al señor Bush nos sucede a los que vemos cómo otros consiguen vivir no ya del cuento, sino del minicuento, actores porno de un mundo de plastilina en el que el tamaño importa, sólo que cuanto más pequeño, mejor. Increíble, nos decimos, es increíble cómo han conseguido engañar a tanta gente para que pague por sus libros, por sus artículos y ¡por sus cursos! Al contrario que la novela o el cuento tradicional, que requieren talleres que no superan las diez o quince horas lectivas, el microcuento requiere cientos y cientos de horas de aprendizaje concienzudo. A veeeer, la eme con la a, ma, la ele con la o, lo, ¡malo! Ya tenemos el primer adjetivo de nuestro microcuento. Ahora faltan, nada menos, que seis o siete sustantivos más, un par de preposiciones, un determinante por aquí, otro por allá y, si alcanzamos a darle forma, obtendremos un pulido microcuento-haiku-greguería que dejará espantados a nuestros compañeros de curso: el niño malo recibió la pelota de su compañero y salió corriendo. Detrás, el semáforo verde contemplaba con su ojo al conductor desencajando de su parachoques el cuerpo inerte de su amiguito...


[Vale, es malísimo, pero creo que con cien horas más y una sufrida práctica de veinte o veinticinco microcuentos, llegaré a hacer algo decente.]


Y esto es todo por hoy, la próxima semana continuaremos con la tercera y última parte de este segundo capítulo de la Hisotira de la literratura por fascículos, queridos amigos -casi me quedo sin aire, coño-.



El feto Malayo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

2.- LOS FALSOS APÓSTOLES DE LA NUEVA LITERATURA O DE POR QUÉ UN MICROCUENTISTA ES, EN REALIDAD, UN HOMBRE SABIO Y UN LITERATO MEDIOCRE. (1)




Como dijo Arquímedes, "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". Ésta, en la actualidad, es la premisa que mueve a los microcuentistas. Aunque mi afirmación pueda inducir a dudar de nuestra cordura –por si todo este blog ya no fuera ya prueba suficiente–, guarda en su interior cierta verdad. Muchos opinábamos –no hace falta ser Einstein para verlo– que un microcuentista es, en realidad, un cuentista vago o un poeta prosaico o un arribista poco creativo. Sin embargo, no sabíamos cuán equivocados estábamos. Bueno, retiro lo anterior: es cierto, vale, son una panda de vagos, pero habremos de darles algún mérito, porque han conseguido poner de moda algo que, en escultura, equivale a cincelar el dedo gordo del pie de una estatua y exponerlo por todo el mundo como si fuera la última maravilla, diciendo: mírenlo, ¿no es increíble? ¿no expresa algo distinto, genial, a medio camino entre la poesía y la mística, entre el cielo y la tierra, entre la verdad y la mentira, bla, bla, bla y bla bla bla y ¡bla, bla, bla! e incluso blaaaaaaaaabla? ¿Eh? ¿Es que no tienen razón? ¿Qué se siente al ver ese dedo ahí solito, señalando algo que no se sabe bien qué es, sobre un pedestal inmenso de mármol que ha debido de costar un ojo de la cara –pongamos en literatura que hablamos de una edición en rústica de Monterroso–? ¿Eh, díganme? ¿¡Es que no es la leche!? –por citar a Superlópez. Y si ese microescultor consigue vivir de ese dedo y de un ojo y una rodilla y un hígado de gomaespuma y de un prepucio de látex, trabajando diez, veinte, cien, mil veces menos que otro que se mata a currar como un verdadero cabronazo, que pule un David enorme, que hace algo grandioso pero visto, ¿es que acaso ese microescultor no es un genio? En efecto, no hay modo de que me contradigan. Es un maldito genio, por citar al presidente Bush en el momento de ver cómo un chimpancé deglute una galleta sin atragantarse.



EL FETO MALA YO

martes, 22 de septiembre de 2009

HISTORIA UNVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

CAPÍTULO 1 - EL ESCRITOR Y EL EL TIEMPO (5)



Hasta aquí, hemos realizado un análisis sesudo y directo de los escritores a lo largo de las época. Sin embargo, lo peor aún no ha llegado, porque no he hablado del TIEMPO todavía, la segunda parte del asunto. Resulta que ahora todos tenemos que trabajar. Sí, no hay nadie que pueda estar tranquilo mientras los demás sufren deslomándose, ni la santificadora salida de hacerse cura, porque todos –TODOS- tenemos que aportar a este sistema nuestro granito de arena. Eso significa: trabajar de diez a doce horas al día, ya se sea currito de la construcción o gran empresario. En un mundo así, nadie puede escribir, a no ser que robe un tiempo diario –o un par de años– a su aportación a la sociedad para poder escribir su primera novela. El esfuerzo es tan grande que queda agotado, y entonces envía la novela de marras a varias editoriales, premios, por si suena la flauta. Y entonces pueden pasar dos cosas:

1.- Que suene la flauta: tenemos el nuevo best seller del año.
2.- Que no suene, en cuyo caso tenemos otras dos posibles soluciones:
2.1.- Que el escritor abandone, en cuyo caso estamos ante un escritor frustrado.
2.2.- Que el escritor siga escribiendo, en cuyo caso tenemos un escritor resentido, que tarde o temprano se convertirá en un escritor "de culto", que es como decir un escritor fracasado que ha seguido escribiendo y que es leído por otros escritores fracasados o "de culto", que es como chupársela a uno mismo pero en grupo, que mola más.

No nos engañemos. Ya no podrá haber Dostoievskis, ni Tolstois, ni Nabokovs, -a no ser que pertenezcan al ramo del profesorado de universidad, claro está–, porque un buen escritor difícilmente tendrá éxito. Y si lo tiene, estará entre las rarezas, no entre las dos rayas que marcan la norma. Porque no hay tiempo para más. El que llega, ha de llegar rápido. Si no, la sociedad le pide cada vez más tiempo, más tiempo, hasta que no puede escribir ni una línea, hasta que no tiene la lucidez ni el deseo necesarios –y mucho menos la originalidad– para alcanzar su propia voz. Este es el proceso, de un modo más o menos objetivo, y el final de nuestro primer capítulo de la Historia Literaria Universal.



EL FETO MALA YO

viernes, 18 de septiembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

EL ESCRITOR Y EL TIEMPO (4)






Hemos llegado, pues, a la edad contemporánea, que es toda aquella en la que uno esté implicado y no pueda salirse, por lo que algunos eruditos han dado en llamarla "edad telaraña" o "edad hipotecaria".




Y es en este mundo moderno donde se produce el fenómeno más extraño de todos. Ahora, ya no existen casi nobles o curas o burgueses, y tampoco obreros o esclavos, sino que todos nos hemos mezclado –en apariencia–. Los obreros empezaron a estudiar, tuvieron hijos ingenieros y médicos y filólogos, y los burgueses tuvieron hijos tontos que se hicieron constructores, y la cosa parecía equilibrarse, porque se escribía de todo y apareció el existencialismo, y el nouveau roman, y la novela indigenista, y la negritud, y el feminismo, y la poesía del veintisiete, y el teatro del absurdo, y Stanislav Lem y Nabokov –que con ese nombre jamás hubiera tenido éxito en un país civilizado como España, porque kov, como todo el mundo sabe, es una metáfora de polla– y Carver y Auster y al final los bestias de Palahniuk y Houellebecq, que son el punto culminante de todo ello, porque los dos son hijos de proletarios y han llegado a lo más alto cagándose en la sociedad, haciendo apología del terrorismo y de la perversión, y parece que todo se ha arreglado, ¿verdad?



Pues no. Resulta que esto es sólo un espejismo, porque lo que ha sucedido es que el sistema para llegar a ser escritor ahora es una puta lotería. Antes, si se nacía noble, por lo menos se sabía que se iba a llegar a ser un escritor decente. Ahora, en cambio, se depende del mercado. Y ese mercado, que antes formaban nobles, con gustos mejores o peores, pero con educación sólida, ahora está formado por esa mezcla rara entre arribistas y decadentes, entre ingenieros especializados y constructores con miras amplias. Y resulta que ambos, que son escritores potenciales, en realidad son analfabetos funcionales, que es un analfabeto que sabe leer y escribir pero que no ha leído ni a Marx ni a Stendahl ni el noveau roman ni falta que le hace, porque ahora con tener un título y haber leído a Fernando Sabater y a Muñoz Molina se es un erudito. Así que el escritor depende ahora de un atajo de analfabetos funcionales que tienden –por antonomasia– a leerse entre sí.




EL FETO MALA YO

lunes, 14 de septiembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

EL ESCRITOR Y EL TIEMPO (3)



Llegamos, pues, a la Edad Moderna y luego a la Industrial, cuando –en apariencia– se han acabado los nobles y los curas y han aparecido los "burgueses" y los "obreros", que son los nuevos "nobles – curas" y los nuevos "esclavos". Lo único que cambia es que ahora lo importante es el trabajo, que produce capital. Este capital es tiempo –tiempo para escribir, por supuesto–, y los burgueses tienen todo el capital y los obreros nada, o sea, que los burgueses pueden escribir y los obreros ni siquiera saben, que es algo parecido a lo que sucedía en la Antigüedad.


Entonces, hartos de que sólo escriban los burgueses sus gilipolleces ilustradas y románticas, llegan Karl Marx y Stendahl, que cada uno por su lado va a minar la sociedad y la literatura de la época. Marx consigue que los obreros quieran ser burgueses, y Stendahl consigue que los burgueses se interesen por la realidad y escriban sobre los obreros. Y eso revoluciona el mundo, porque de pronto se pide la educación universal y el sufragio universal y la igualdad de derechos y se arma la marimorena, porque los obreros dejan de trabajar como borregos y se matan por mejorar la sociedad y los burgueses dejan de escribir gilipolleces y se preocupan de mejorar la sociedad, y entonces la sociedad parece que mejora poco a poco, llega la revolución francesa primero y luego la soviética y entonces se arman dos guerras mundiales y luego viene el mundo contemporáneo, en el que vivimos y escribimos nosotros.



El feto malayo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

HISTORIA UNIVERSAL DE LA LITERATURA POR FASCÍCULOS

EL ESCRITOR Y EL TIEMPO (2)

Pasemos ahora a la Edad Media. Entonces se introduce un elemento nuevo: los curas. Estos son unos seres vivos humanoides, que se caracterizan por tener origen más bien esclavo y ambiciones más bien nobiliarias. Y, ustedes se preguntarán, ¿cómo demonios consiguen los curas dejar de ser esclavos para pasar a ser nobles y adquirir el conocimiento y el tiempo necesarios para escribir? Pues muy sencillo: inventando lo que se ha dado en llamar Cristianismo y, dentro del Cristianismo, el Servicio a Dios.
Gracias al Cristianismo, los curas pudieron:

1.- Aprender a escribir, enseñados por curas más viejos.
2.- Tener tiempo para escribir.

Lo primero que hicieron fue convencer a los nobles y a los esclavos de que sin Dios no había dios que estuviese en gracia con dios, y que si no se estaba en gracia con el Altísimo –como si Dios fuera un jugador de baloncesto, perdonen la intromisión, no pude evitarlo– y, digo, si no se está en gracia del Altísimo, entonces dios se caga en dios y te manda al infierno, a pudrirte y a desangrarte y a quemarte hasta que te salgan los humores corporales por las orejas y los esfínteres y luego resucitas y así otra vez y otra y otra, que es más o menos la noción de infinito que había en la época. Ante una amenaza de tal calibre, todos dijeron: vale, vale, os creemos, pero a cambio vosotros no podéis follar.
Y ésa fue la condición que pusieron a los curas para que los curas pudieran escribir y tener tiempo para hacerlo, mientras los esclavos trabajaban para ellos y para los nobles. Así que, muchos esclavos inteligentes tuvieron que meterse a curas y dejar –o no empezar siquiera– de follar para tener estudios y tiempo para escribir. Esto, más o menos, es lo que pasa al final de El nombre de la rosa, donde Adso de Melk decide si sigue follándose a la campesina y tiene ochocientos hijos con ella y trabaja como una bestia para enfermar de lepra, sífilis –no olvidemos que su amante era un poco puta por cuestiones alimenticias– y peste bubónica, y morir a los treinta años hecho un saco de huesos, piojos, pulgas, ácaros y gusanos intestinales, ooooooo, por otro lado, vivir en un monasterio sin follar y poder escribir la historia de su maestro y dormir la siesta y beber aguardiente y morir a los ochenta años de puro viejo.
Ya veis, lo que sacrificaron los curas para poder escribir, nada menos que la parte más carnal y animal y sexual del ser humano, es decir, el uso de sus genitales con hembra, doncel o animal circundante que se avenga al trapicheo de flujos. Sin embargo, ellos –los curas, se entiende– inventaron varios métodos para sustraerse a la condición, a saber:

1.- Masturbarse a solas, lo que se denominó "alivio".
2.- Masturbarse de dos en dos, lo que se denominó "alivio en dúo".
3.- Masturbarse en grupo, lo que se denominó "coro de creyentes".
4.- Follarse a un monaguillo, lo que se denominó "catequesis".
5.- Follarse a otro cura, lo que se denominó "amor fraterno".
6.- Follarse a una monja, lo que se denominó "confesión purificadora".
7.- Follarse a sus prim@s, herman@s o demás parentela, lo que se denominó "servicios a la familia".
8.- Follarse a hembras o donceles no emparentados con ellos, lo que se denominó "servicios a la comunidad".
9.- Follarse a los animales domésticos que había en los conventos o monasterios, lo que se denominó "hacer el San Francisco", es decir, practicar el amor con los animales.

Y, aunque aparentemente no tenga mucho que ver con la literatura, sí que importa, porque luego vienen los malentendidos y las confusiones y es mejor dejar claras las cosas antes de seguir adelante.
To be continued...

El feto malayo,
(Yo nunca me callo)


martes, 8 de septiembre de 2009

FASCÍCULO 1 – EL ESCRITOR Y EL TIEMPO (1)


FASCÍCULO 1 – EL ESCRITOR Y EL TIEMPO (1)

Para el que no lo sepa, la palabra "fascículo" se compone de dos partes, fasci y culo, que viene a significar algo así como: el culo de un fascista, o: los fascistas son el culo, o: que les den por culo a los fascistas, consignas que me gustaría aclarar –antes de que un fascista me rompa el cráneo con sus botas paramilitares– que no comparto en absoluto, ya que yo no entiendo de política y que, aunque utilice la palabra fascículo –con perdón– para referirme al modo en que se distribuirá esta colosal Historia del Universo Literario, jamás ha sido mi intención meterme con los fascistas y mucho menos con sus culos.

Aclarada esta primera cuestión, me gustaría comenzar por el punto más importante de la Historia de la Literatura, ya sea china, mongola o magrebí, y es: ¿qué condiciona más la escritura, el escritor o el tiempo? Esta cuestión –por insólita no menos inquietante– tiene que ver con el proceso de forja de un escritor, y el tiempo de que éste dispone para realizar su tarea.

Como todo el mundo sabe, en la Antigüedad sólo escribían los nobles y los escribas. Los demás, simplemente, no sabían hacerlo, es decir, eran analfabetos puros. Y de los dos tipos de seres con capacidad escribiente, los escribas se dedicaban a pasar a limpio lo que los nobles escribían o dictaban. Así que los únicos que podían considerarse escritores eran los nobles, a través de los escribas.

Además, es que, aunque los demás hubieran podido o sabido escribir, no hubieran tenido TIEMPO para hacerlo. ¿Y saben por qué? Porque tenían que trabajar para los nobles, que poseían la tierra y muchas veces también poseían a los hombres que cultivaban esa tierra, llamados también esclavos puros. Casualmente, los esclavos puros coincidían casi por entero con los analfabetos puros.

Así que, visto lo visto, para escribir se necesita:

1.- Saber escribir.
2.- Tener tiempo para escribir.

Y aquí se acaba este primer fascículo, que continuará mañana si algún dios lo quiere y otros no se oponen.

El feto malayo,
pa serviles